Lady Gaga volvió a poner sobre la mesa uno de los capítulos más intensos de su vida profesional y emocional. En una conversación reciente con Rolling Stone, la artista relató cómo, durante el rodaje de A Star Is Born, atravesó un periodo de fuerte vulnerabilidad marcado por tratamientos médicos y una presión laboral que parecía no tener pausa.
Entre el éxito y el colapso
Mientras daba vida a Ally en la película dirigida por Bradley Cooper, Gaga se encontraba simultáneamente inmersa en varios proyectos decisivos: la creación de su disco Joanne, una extensa gira mundial y la preparación para su inolvidable presentación en el medio tiempo del Super Bowl LI. Esa acumulación de exigencias terminó pasándole factura.
La cantante explicó que, durante aquella época, estaba bajo tratamiento con litio, un estabilizador del estado de ánimo utilizado para trastornos como el bipolar. La demanda emocional terminó por desbordarse: canceló compromisos, ingresó a un hospital psiquiátrico y enfrentó uno de los momentos más oscuros de su vida.
“Hubo un punto en el que pensé que no lograría recuperarme”, confesó. Su sinceridad, sin embargo, no es nueva: la artista ha abordado en otras ocasiones su lucha con la salud mental, incluso plasmándola en canciones como “911”, parte del álbum Chromatica.
Una nueva etapa personal para Lady Gaga

Pese a lo difícil de ese periodo, Gaga asegura que hoy se siente plena y estable. Parte de esta transformación, señala, se debe al apoyo emocional de su prometido Michael Polansky. Su relación, dice, ha sido clave para aprender a sentirse segura y auténtica consigo misma.
El futuro en la pantalla grande
Aquel duro capítulo no solo impulsó un renacimiento personal, sino que también dejó huella en su carrera: A Star Is Born le otorgó un Oscar y un Globo de Oro por “Shallow”, tema que se convirtió en un hito musical.
Ahora, Gaga se alista para volver al cine. Su próximo proyecto, The Devil Wears Prada 2, llegará a los cines el 1 de mayo de 2026, marcando su regreso a las grandes producciones de Hollywood