El creador de ‘Bebé Reno’ vuelve a hurgar donde duele, ahora con una historia sobre lo imposible que es ser hombre en un mundo que no sabe bien qué significa eso
Pocas veces en la historia reciente del streaming un debut ha generado tanta presión sobre su autor como el que enfrenta Richard Gadd con Half Man. Después de que Bebé Reno pasara de ser una producción casi desapercibida a convertirse en el fenómeno global del que todo el mundo hablaba en 2024, el escocés llegó a HBO con el peso de las expectativas encima. Y con un guion que, según él mismo ha contado, tenía guardado desde 2019.
Solo ha salido un episodio. Pero ya es suficiente para saber que Gadd no viene a repetirse ni a jugar un rol seguro.
Dos hermanos, una boda, y algo que salió muy mal
Half Man arranca en una boda. Niall se casa, y entre los invitados aparece Ruben (Richard Gadd), su hermanastro. La tensión que se genera con su llegada es inmediata y palpable, aunque el primer episodio no te explica por qué. No sabe nada todavía, y eso es precisamente lo que te engancha.
La serie opera con una estructura no lineal que salta entre la adolescencia de ambos y su vida adulta. Niall era el chico sensible, aplicado, víctima de bullying. Ruben era lo opuesto: el modelo clásico de masculinidad, territorial, agresivo, siempre listo para imponer su ley. Cuando la madre de Niall se empareja con la madre de Ruben, los dos terminan siendo familia sin haberlo elegido. Y ahí empieza todo.
Lo que Gadd construye entre estos dos personajes no es simplemente una rivalidad fraterna. Es algo más retorcido: una dependencia mutua, una fascinación tóxica, una jerarquía no escrita donde los roles de poder están marcados pero ninguno de los dos está realmente cómodo en el suyo.
El tema que nadie quiere tocar directamente
Half Man es, antes que nada, una reflexión sobre la masculinidad. Sobre lo que significa ser hombre cuando el modelo que te ofrecen la sociedad y la cultura es imposible de alcanzar, y sobre lo que le pasa a un hombre cuando fracasa en ese intento perpetuo. Y eso, en términos narrativos, siempre termina igual: en frustración, en culpa, en violencia.
Lo interesante aquí no es que Gadd proponga una denuncia simple del «hombre tóxico». Lo interesante es que sus personajes son comprensibles. Ruben es brutal y opresivo, pero tiene matices. Niall es la víctima aparente, pero sus decisiones lo van convirtiendo en algo igual de problemático. Ninguno es el villano limpio. Los dos están atrapados en el mismo sistema, con distintos disfraces.
Esa capacidad de matizar sin exculpar es la firma de Gadd como guionista, y aquí la despliega desde el primer episodio.
Lo que viene siendo prometedor
La serie tiene algo que pocas producciones recientes consiguen desde el arranque: una atmósfera. Half Man es densa, seca, incómoda. No hay alivio cómico, no hay respiración fácil. Gadd vuelve a estar mazado físicamente para el papel, lo que añade una capa visual interesante a la dinámica de poder que explora el guion. Y Jamie Bell como Niall adulto ya apunta maneras.
Con un solo episodio es pronto para saber si Half Man llega al nivel de Mi reno de peluche. Pero los ingredientes están. La pregunta que te deja ese primer capítulo no es si vas a seguir viendo. Es cuánto vas a tardar en ponerte el siguiente.
¿Vale la pena? Si aguantaste Bebé Reno sin apartar la vista, sí. Si buscas algo entretenido y ligero, busca en otro lado.